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domingo, 7 de marzo de 2010


Nada en el mundo se compara al cuerpo de una mujer; con todo lo que ello conlleva.
Fíjate, no seas tonto, analízalo; mira sus curvas, son como las carreteras que te llevan al paraíso, empezadas en un cuello hermoso y seguidas por unos pechos ante los cuales cualquier hombre cae rendido.
Despues llega el ombligo, el erótico agujero, que con solo besarlo rezas a Dios que tus labios consigan bajar por el hasta llegar a la caja mágica;
Es algo increible, como puede un solo cuerpo mover masas, amansar a cualquier fiera inquieta que desee provar cada esquina de su cuerpo, conocer sus recobecos, y culminar haciendole el amor pasionalmente.
Tocar cada esquina, sentir su tersa piel en tus dedos, y excitarte tanto que necesitas días para calmarte. Pero, al fin y al cabo, son mujeres, inentendibles, incomprensibles y difíciles cual grave problema.
Nada como ellas.
HALO.

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